sábado, 15 de octubre de 2011

El eslabón roto de la cadena de suministro


Tokio--Seis meses después de que el terremoto de Japón rompió eslabones cruciales en la cadena de suministro global, la producción ahora ha vuelto casi totalmente a la normalidad. De todos modos, la interrupción ha obligado a proveedores de autopartes y sus clientes a reconsiderar modelos de negocios comprobados, incrementando la tensión en relaciones comerciales antes estrechas y motivando a muchas empresas a conseguir componentes en otros países.
Considérese, por ejemplo, la disputa por un pigmento de lustre metalizado llamado Xirallic que hace que la pintura de los autos brille. Merck KGaA produce 100% del suministro global en una fábrica en el nordeste de Japón que fue duramente golpeada por el terremoto, obligando a una suspensión temporal de las operaciones. La compañía alemana dijo que se puso al día con los pedidos atrasados el 1 de septiembre y sigue comprometida con la producción fabril en Japón.
Bloomberg
Merck produce 100% del suministro global del pigmento Xirallic, utilizado en autos de Toyota.
De todos modos, Merck tiene previsto habilitar otra línea de producción del pigmento en Alemania para fin de año, con el objetivo de satisfacer la demanda de sus clientes globales, y tener un respaldo en caso de otro desastre.
Toyota Motor Corp., uno de los mayores clientes de Merck, expresó descontento sobre cómo su proveedor lidió con el descalabro, según un informe interno que fue revisado por The Wall Street Journal. La automotriz tuvo una escasez de un tercio de los 200 colores que ofrece, alrededor de 20% de su volumen total de producción, debido a la escasez de Xirallic. Los nervios se crisparon por las medidas que tomó el proveedor para controlar la crisis, que, según el informe de septiembre, fueron menos que transparentes.
Un portavoz de Toyota se rehusó a hacer comentarios sobre las relaciones de la compañía con los proveedores.
El cierre de la planta de Merck en Onahama durante dos meses después del terremoto del 11 de marzo desencadenó la búsqueda de reservas escasas o sustitutos. Muchas de las automotrices mundiales, entre ellas Toyota, Nissan Motor Co., Ford Motor Co., Chrysler Group LLC, Volkswagen AG y General Motors Co., usaban pinturas metálicas hechas con Xirallic en sus gamas de productos.
Tras el terremoto, los concesionarios de Chrysler recibieron la instrucción de no encargar vehículos en 10 colores que usaban Xirallic, una restricción que ya ha sido levantada. La automotriz ha elaborado un tono rojo sustituto, que planea usar en los modelos de 2012.
John Martin, director de la cadena de suministro global de Nissan, dijo que la automotriz cambió su proveedor e hizo otros ajustes. Nissan planea reanudar el uso de Xirallic.
La aguda escasez de Xirallic ilustra, empero, cuánto dependía la industria automotriz global de apenas un puñado de productores de componentes y materiales clave, muchos de ellos fabricados en Japón. La crisis posterior al terremoto ha motivado a las automotrices a buscar maneras de diversificar sus cadenas de suministro para componentes críticos, que iban desde ruedas de hule comunes hasta semiconductores avanzados.
En una encuesta del Ministerio de Comercio japonés difundida el 1 de agosto, 97% de los productores fabriles que usaban proveedores del norte de Japón ha encontrado fuentes alternativas desde el terremoto. De las 123 compañías sondeadas, 42% dijo que se pasará permanentemente a conseguir componentes y materiales en otras partes.
"El éxito de Merck es el legado de tener un nuevo producto que se convirtió en el estándar de la industria", dice Jeremie Capron, analista de CLSA Asia-Pacific Markets. "Pero la participación de mercado de Xirallic sólo irá en una dirección: hacia abajo".
A pesar de la alteración en el suministro de Xirallic, Merck dijo que no espera ceder su liderazgo.
"No sé de ninguna pérdida persistente de negocios", dijo Karl Roeser, director de la filial de Merck en Japón.
Merck se negó a cuantificar los negocios perdidos por el trastorno o los costos de reparar la planta. Las ventas de todos los pigmentos de la compañía representaron unos 325 millones de euros, o alrededor de US$440 millones, el año pasado, según Farbe und Lack, una publicación comercial alemana.
Pero conforme la industria automotriz apunta su atención a expandir la base de suministro, a Merck puede resultarle cada vez más difícil mantener su liderazgo en un mercado de pigmentos especiales que CLSA Asia-Pacific valúa en alrededor de US$1.000 millones o más anualmente. Los rivales podrían apuntar a una mayor tajada de ese negocio.
Una de las razones por las que Xirallic fue bien recibido por las automotrices japonesas desde su debut en 2000 ha sido la reputación de fiabilidad de Merck. Sin embargo, esa imagen se vio manchada por la respuesta de la empresa al terremoto. Todas las inquietudes de los clientes sobre la producción de Onahama fueron manejadas desde la sede de Merck en Alemania, incluso las de clientes japoneses.
Aun cuando el informe interno de Toyota no mencionaba a Merck por su nombre, claramente describía a la compañía, refiriéndose a "un proveedor de filiación extranjera de segundo orden que fabrica pigmentos especiales y tenía una planta dentro de un radio de 50 kilómetros de la planta de Fukushima Daiichi". Si bien Onahama está a 57 kilómetros al sur del complejo nuclear dañado por el tsunami, la fábrica de Merck es la única a la cual el informe podría estar refiriéndose.
Toyota criticó a su proveedor por haber "evacuado" la planta de empleados y abstenerse de informar a la automotriz sobre la magnitud del daño a la planta.
La automotriz se abocó a fabricar sus propios sustitutos para sus 67 colores faltantes, 37 de los cuales elaboró exitosamente antes de la recuperación plena de la fábrica de Merck en Onahama en junio. Toyota se negó a decir si continúa usando los pigmentos de elaboración propia.
Merck planea lanzar un nuevo pigmento llamado Meoxal que, asegura, será incluso mejor que Xirallic, y se fabricará en Onahama.

Un multimillonario sin casa, ni auto ni reloj La única gran posesión de Nicolas Berggruen es su jet privado, con el que recorre el mundo intentando resolver crisis económicas


El multimillonario Nicolas Berggruen detesta arrastrar equipaje, sea físico o emocional. A lo largo de décadas, ha amasado una fortuna de US$2.200 millones adueñándose de hoteles y participaciones en compañías como la cadena alemana de tiendas por departamentos Karstadt y el conglomerado de medios español Prisa. Pero en el proceso, se ha esforzado por desprenderse de pinturas, inmuebles y otras propiedades que suelen mantener ocupados a los ricos. Incluso las posesiones comunes que hacen que otras personas se sientan "humanas", dice, no tienen espacio en su vida. A los 50 años, Berggruen no tiene casa, auto o siquiera un reloj de pulsera. Nunca se ha casado ni tiene hijos. Es un trotamundos que vive en hoteles.
En un caluroso sábado reciente, su hogar era el Hotel Cipriani, en Venecia.
Sentado al borde de una silla, Berggruen no deja de mover las rodillas de arriba abajo mientras habla. Europa, el hogar de su infancia, está atrapada en una espiral de muerte. Por más de un año, los líderes europeos han estado yendo y viniendo a cumbres de emergencia, acordando soluciones a medias tintas que no han logrado apagar las llamas de la crisis de deuda soberana de la zona euro. Lo que Europa necesita ahora, dice Berggruen, es un liderazgo resuelto.
"Es como una mala historieta", dice. "Todos estos líderes quieren salir de vacaciones y —¡oh, no!— son arrastrados nuevamente a sus oficinas y deben reunirse en lugares terribles como Fráncfort o Bruselas. Acuerdan algo, sonríen, se estrechan las manos y vuelven a casa. Una semana después, una nueva crisis".
La pugna perpetua, señala Berggruen, se ha convertido en una aflicción común en las democracias occidentales. Las autoridades electas ya no tienen suficiente margen de libertad para emprender políticas efectivas, porque están ceñidas por ciclos noticiosos de 24 horas, mercados financieros oscilantes y electorados cada vez más populistas. La primera medida para restaurar la cordura, cree Berggruen, es revivir la sala saturada de humo de cigarrillos, un lugar donde figuras "eminentes" pueden reunirse a puertas cerradas y rediseñar con calma el gobierno. Hasta ahora, el magnate ha volcado decenas de millones de dólares en un comité —compuesto de ex secretarios de Estado, ex gobernadores y líderes empresariales de Estados Unidos— para revivir el estado de California. Un segundo grupo de premios Nobel y ex primeros ministros europeos se dispone a evaluar la crisis de su continente en los próximos meses.
"Parece una locura. Pero en tiempos de crisis real —si las personas son buenos ciudadanos— se sentarán y trabajarán juntos", dice.
Jennifer Livingston
Berggruen, con una fortuna de US$2.200 millones, se ha esforzado por desprenderse de propiedades que, dice, mantienen ocupados a los ricos. Es un trotamundos que vive en hoteles; en julio y agosto solamente, recorrió 14 países, incluidos Francia y los Emiratos Árabes Unidos.
Berggruen se crió en París, pero tiene raíces alemanas. Su padre, Heinz, era un conocedor de arte judío que salió de Alemania durante el régimen nazi y luego se hizo amigo de Pablo Picasso, convirtiéndose en un importante coleccionista de sus obras. En su adolescencia, Berggruen mataba el tiempo escribiendo constituciones "utópicas" y, de vez en cuando, peleándose con autoridades. El incipiente multimillonario fue expulsado de su internado suizo por insubordinación, antes de concluir sus estudios secundarios en París y mudarse a Manhattan para estudiar finanzas en la Universidad de Nueva York.
Con unos miles de dólares en ahorros, Berggruen comenzó a probar suerte en acciones y bonos. Como inversionista, sus gustos eran eclécticos. Usó sus ganancias para comprar propiedades en la Gran Manzana, en la década de 1980, cuando los bienes raíces de la zona en su mayor parte estaban "destruidos". En 1988, cofundó un grupo de fondos de cobertura que vendió a Safra Bank. Compró cadenas de hoteles en todo el mundo y el fabricante de gafas FGX, que reestructuró enérgicamente y sacó a bolsa con una suculenta ganancia. Un año atrás, compró el insolvente minorista alemán Karstadt por el precio simbólico de un euro. A cambió inyectó 70 millones de euros en la firma y salvó 25.000 empleos.
A medida que crecía su fortuna, sin embargo, se decepcionó con lo que podía comprar. Una década atrás, comenzó a moderar su estilo de vida. Vendió una isla en Florida y un apartamento en Nueva York. Su vestuario algo limitado ahora está disperso por todo el mundo, almacenado en sus hoteles favoritos. Prestó su colección de arte a museos, algo que lo liberó para ir de ciudad en ciudad a bordo de su avión privado, la única posesión que considera demasiada "práctica" como para descartar.
"Sentía que las posesiones se habían adueñado de mí", explica Berggruen, quien lleva puesta una camisa de color salmón con el borde del cuello ligeramente desgastado.
Ahora, usa su tiempo y dinero extra en reconfigurar sistemas políticos rotos. Berggruen fue atraído a California, que está casi en bancarrota y es prácticamente ingobernable pero que tiene un sistema de consultas populares que permite que grupos propongan leyes directamente a los votantes, evitando la asamblea estatal. El multimillonario también ha hecho uso de su enorme red social; cada año organiza una fiesta la noche anterior a la entrega de los Oscars en el Chateau Marmont, de Los Ángeles, en honor a las celebridades de Hollywood y otras personalidades que le han dado su apoyo.
Un año atrás, convino un cónclave de algunos de los nombres más notables en su directorio telefónico, entre ellos los ex secretarios de Estado de EE.UU. Condoleezza Rice y George Shultz, el presidente de Google, Eric Schmidt; el ex gobernador de California Gray Davis y el hombre que lo depuso en una elección para destituirlo, Arnold Schwarzenegger. "Estaban el que lo destituyó y el destituido sentados juntos y cantando la misma canción", recuerda Berggruen.
El grupo recomendó la creación de un fondo para años de vacas flacas, que requiere que el estado establezca reservas cuando la recaudación impositiva está alta. Otra sugerencia: permitir que la asamblea de California, a la que le cuesta llegar a consensos, apruebe el presupuesto del estado con una mayoría simple en vez de dos tercios de los votos. Con cierta influencia del grupo de Berggruen, en noviembre del año pasado los votantes californianos apoyaron un referéndum para que la aprobación del presupuesto sea por mayoría simple. Con esa regla, los congresistas dieron luz verde a recortes de gasto y otras medidas que cerraron la brecha presupuestaria del estado para el año fiscal que empezó el 1 de julio. En 2014, la población votará por las propuestas del fondo para malas épocas.
En julio, Berggruen inició negociaciones con la Comunidad Africana Oriental, para establecer el primer mercado regional de commodities, que, argumenta, les daría a los agricultores acceso a precios establecidos por un amplio mercado centralizado, la oportunidad de negociar contratos futuros y la garantía de un flujo estable de ingresos. Berggruen también ha preparado el terreno para un proyecto en Europa. En julio de 2010, voló a la isla alemana Borkum, donde vacacionaba el ex canciller Gerhard Schroeder. Cuando le contó al ex funcionario sobre sus gestiones en California, Schroeder le propuso involucrar a otros ex jefes de estado.
En el último año, Berggruen ha reclutado un grupo llamado el Consejo para el Futuro de Europa que incluye a Schroeder, al británico Tony Blair y al español Felipe González, como también Robert Mundell y Joseph Stiglitz, ganadores del premio Nobel. En reuniones en Berlín y París a comienzos de año, el grupo estudió propuestas que han generado aciagas disputas públicas entre autoridades. Una idea detestada por muchos contribuyentes alemanes es la del "eurobono", instrumento de deuda que, con el respaldo de fuertes economías como la de Alemania, podría usarse para sacar a Grecia y otros mercados débiles de pozos fiscales.
Berggruen también es escéptico sobre la súbita adopción por Occidente de la austeridad como medicina económica. Las medidas de austeridad socavan el consumo, dice, que es lo que hace girar la economía global. Berggruen se da cuenta que su propio estilo de vida no respeta exactamente tales principios.
"Afortunadamente no todo el mundo es como yo", dice Berggruen. "De otro modo, no habría mundo".