martes, 9 de agosto de 2011

No entre en pánico por la caída de las bolsas


No entre en pánico por la caída de las bolsas


"¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!" La advertencia de Chicken Little podría parecerle a algunos observadores particularmente apta hoy. Discrepo. Esta es no es una repetición del colapso del mercado en 2008. Y la venta bajo el efecto del pánico de las acciones estadounidenses demostrará ser una respuesta muy inapropiada.
La pronunciada caída en los precios bursátiles de la semana pasada ha renovado los temores de que la economía se dirige a una recaída. El crecimiento se ha reducido a una velocidad casi nula, y el Producto Interno Bruto creció menos de 1% anual en el primer semestre. El gasto real de los consumidores ha sido negativo en los últimos dos trimestres. De la misma manera en que un ciclista arriesga caerse cuando su bicicleta pierde abruptamente el impulso, la economía está peligrosamente cerca de volver a caer en recesión incluso antes de que se haya consolidado una verdadera recuperación. Y ahora Standard & Poor's rebajó la calificación de riesgo crediticio de Estados Unidos , citando un progreso inadecuado en Washington en la solución de problemas fiscales de larga data.

Los vientos en contra de la economía son muchos. Los consumidores todavía están excesivamente endeudados y las finanzas de los hogares están en un equilibrio precario. Los precios de las viviendas, luego de drásticas caídas, amenazan con bajar todavía más. El efecto ha sido un gran golpe al patrimonio neto de los hogares y ha impedido una recuperación en la construcción, que normalmente juega un papel estelar en las etapas iniciales de cualquier expansión económica. La tasa de desempleo está estancada por encima de 9% e incluso los analistas más optimistas divisan escasas posibilidades de un descenso significativo, aunque una tibia recuperación económica se reanude en la segunda mitad del año.
Por si esto fuera poco, Europa no ha solucionado realmente sus problemas económicos. Las perspectivas de crecimiento son sombrías. En EE.UU., las políticas del gobierno son disfuncionales e impotentes para ayudar a reducir el desempleo. Aunque cualquier restricción en el gasto producto del reciente acuerdo presupuestario tendrá efecto más adelante, se espera que la política fiscal sea significativamente menos estimulante en los próximos trimestres. La política monetaria, que ha empujado a las tasas de interés casi a cero y a las tasas de la deuda pública estadounidenses a 10 años a 2,5%, parece haberse quedado sin municiones. Y, por supuesto, la fuerte caída en los precios de las acciones tiene un efecto patrimonial negativo y consecuencias perniciosas para la confianza de los consumidores.
¿Es el momento de vender todas sus acciones, que todavía están muy por encima de sus mínimos de 2009?
Pienso que no. Nadie puede predecir la evolución de la bolsa en esta y en las próximas semanas. Las acciones pueden continuar su caída, pero creo que sería un grave error de los inversionistas entrar en pánico y vender. Hay varias razones para ser optimistas respecto a que en el largo plazo veremos valoraciones en el mercado más altas, no más bajas.
En primer lugar, creo que las acciones hoy en día son baratas. La relación precio- ganancia supera apenas 13 y el cálculo de esa relación a futuro, que utiliza las ganancias pronosticadas, ha caído a menos de 12. Esos múltiplos son bajos en relación a los antecedentes históricos y son especialmente bajos en comparación con el rendimiento del bono estadounidenses a 10 años que se ubica en 2,5%. Los rendimientos de dividendos de 2,5% también se comparan favorablemente con los valores a 10 años. Los múltiplos no parecen baratos en relación a las ganancias promedio a 10 años, pero las utilidades de hoy son tanto más altas que que un promedio de 10 años no es una buena estimación de la capacidad de ganar dinero de las empresas.
Asimismo, la estructura de las ganancias de las empresas estadounidenses refleja cada vez más la actividad económica en el extranjero— incluyendo a los mercados emergentes de crecimiento acelerado— más que la actividad en EE.UU. Esa es la razón por la que las ganancias corporativas han estado incrementándose tan rápidamente a pesar del tibio crecimiento en EE.UU. Para las grandes multinacionales estadounidenses, el crecimiento en los mercados emergentes será el factor determinante en el crecimiento de sus ganancias. Para muchas compañías, lo que pasa en China, India y Brasil es más importante que la incapacidad de Europa de poner su casa en orden o la parálisis de EE.UU. y Japón.
No cabe duda de que nuestra economía atreviesa por un serio problema. El enorme volumen de desendeudamiento que se necesita después de la burbuja inmobiliaria de comienzos de la década pasada solamente puede ser logrado con el tiempo. Afortunadamente, las cuentas de los hogares están mejorando. La relación entre deudas e ingresos ha mejorado considerablemente desde 2008, aunque todavía tienen mucho para mejorar. Los pagos por servicio de deuda de los hogares en relación a los ingresos han caído fuertemente a los niveles de los años 80 y 90. El reciente descenso en los precios del petróleo también ayuda a la situación financiera de los consumidores. Y los balances de las empresas están inusualmente saludables.
El sólo hecho de acabar con el exceso de viviendas en el mercado llevará un largo tiempo. Pero si hay un punto positivo en el panorama del mercado inmobiliario es que la accesibilidad de comprar una casa está en un nivel récord. Con alguna mejora real en el mercado laboral podríamos ver un alza sustancial en las ventas de viviendas.
Sí, tenemos problemas, pero la actual situación no guarda ningún parecido con la de 2008. Y para los que creen que la caída en la bolsa predice una nueva recesión, no hay que olvidar la frase del fallecido economista Paul Samuelson: "La bolsa predijo nueve de las últimas cinco recesiones".
Una fuerte dosis de modestia es claramente necesaria. Todos necesitamos ser conscientes de los límites de nuestra capacidad para predecir los precios de las acciones. Nadie le puede decir cuándo la bolsa terminará su caída, pero hay algunas cosas que sabemos. Los inversionistas que vendieron sus acciones en momentos en los que hubo caídas muy pronunciadas en el mercado invariablemente se equivocaron. Tenemos abundante evidencia de que el inversionista promedio tiende a poner dinero en el mercado cuando está en sus máximos o cerca de ellos y tiende a vender durante los períodos de caídas extremas y volatilidad. A lo largo de prolongados períodos, el mercado accionario de EE.UU. ha provisto retornos promedio generosos. Pero el inversionista promedio ha ganando sustancialmente menos que el retorno del mercado, en parte por haber tomado decisiones inoportunas.
Mi consejo a los inversionistas es que se mantengan firmes. Nadie nunca se volvió rico por ser un pesimista a largo plazo sobre la evolución de EE.UU. y dudo que alguien lo vaya a hacer en el futuro. Esta es todavía la economía más flexible e innovadora del mundo. De hecho, es en momentos como este cuando los inversionistas deberían considerar rebalancear sus portafolios.
Si las alzas en los precios de los bonos y las caídas en los de las acciones han producido una asignación de activos que sobrepondera a la renta fija de lo que es apropiado según su horizonte de tiempo y su tolerancia al riesgo, venda algunos bonos y compre acciones. De aquí algunos años va a estar contento de que lo hizo.
Malkiel, profesor emérito de Economía en la Universidad de Princeton, es el autor de "A Random Walk Down Wall Street", traducido como "Un paseo aleatorio por Wall Street". 


Cómo obtener una educación que le sirva de verdad


Olvídese de la química y el cálculo, los estudiantes necesitan aprender a crear empresas

Puedo entender las razones por las que los alumnos con las mejores calificaciones estudian física, química, cálculo y literatura clásica. Los muchachos de ese grupo cerebral serán los futuros profesores, científicos, pensadores e ingenieros que harán avanzar la civilización. Pero, ¿por qué hacemos que los estudiantes con un nivel promedio y bajo tengan que asistir a esas clases? Eso es como tratar de entrenar a su gato para que haga su declaración de renta, una pérdida de tiempo y dinero. ¿No tendría más sentido enseñarles a estos estudiantes algo útil, como lo necesario para crear empresas?
Hablo por experiencia, ya que estudié "emprendimiento" en el Hartwick College en Oneonta, Nueva York. Oficialmente, mi título fue en Economía. Pero la ventaja de ir a una universidad técnica es que uno puede moldear su experiencia de la forma que quiera.
Había un pequeño negocio en nuestro campus llamado The Coffee House. Servía cerveza ysnacks, además de ofrecer entretenimiento en vivo. Era administrado por estudiantes y era un caos que sólo arrojaba pérdidas. Se mantenía a flote gracias a los subsidios de la universidad. Pensé que podía hacer una diferencia así que me postulé a una vacante en el denominado Ministerio de Finanzas. Obtuve el trabajo gracias a mi admirable manejo de la entrevista, mi actitud dinámica y al hecho de que el resto de las personas en el sistema solar tenían planes más interesantes.
El paquete de remuneración para quienes administraban The Coffee House consistía en cerveza gratis. Eso ayuda a explicar por qué todo el sistema de contabilidad consistía en siete estudiantes tratando de recordar a dónde había ido el dinero. Pensé que podíamos hacer algo mejor. Así que le propuse a mi profesor de contabilidad que a cambio de tres créditos para la clase diseñaría y operaría un sistema de contabilidad adecuado para el negocio. Y eso hice. Fue una gran experiencia. Mientras tanto, algunos de mis compañeros estaban tomando cursos en historia del arte para estar preparados en caso de que alguien les preguntara de qué época es tal cuadro.
Un día, tuve una reunión con los gerentes de The Coffee House para discutir dos temas. El primero era una recomendación para despedir al encargado de la barra, que era uno de mis mejores amigos. En segundo lugar, necesitábamos elegir un líder para nuestro grupo. Respecto a la primera cuestión, existía un consenso de que a mi amigo le faltaban tanto la voluntad como el potencial para dominar el arte de atender el bar. En forma renuente voté con la mayoría para despedirlo.
Pero cuando pasamos a discutir quién debía ser el nuevo líder, señalé que el mismo amigo, que era alto, bien parecido y tenía facilidad de expresión, sería el líder perfecto. Al terminar la reunión, había persuadido al grupo de despedir al peor barman que cualquiera de nosotros había visto en su vida…..y extenderle una oferta al mismo para que fuera nuestro líder. Mi amigo se transformó en nuestro comisionado. Hizo un trabajo excelente. Ese fue el año en el que aprendí todo lo que sé sobre gestión.
Más o menos en el mismo momento, este mismo amigo, junto con mi compañero de cuarto y yo, orquestamos un plan para ser los administradores de las residencias estudiantiles de la universidad y recibir un sueldo por hacerlo. Nos imaginamos formando un gobierno para administrar la elección de las personas que harían distintas tareas, establecer multas por mala conducta y, en general, ocuparse del negocio.
Solamente necesitábamos el apoyo de una mayoría de estudiantes que dijera que planeaba vivir en las residencias el próximo año para que el decano aprobara el plan. Y teníamos muchos amigos a los que les encantaba planear todo tipo de cosas siempre que luego pudieran cambiar de opinión. Ese fue el año en el que aprendí que si hay un vacío, alguien lo aprovechará y recibirá una recompensa mejor que el resto.
Durante los siguientes dos años, mis amigos y yo tuvimos cada uno una habitación privada gratis, un salario base y la experiencia de administrar los dormitorios estudiantiles.
Mis días universitarios estuvieron llenos de historias de emprendimiento. Para cuando me gradué, dominaba el arte de transformar nada en algo. Varios años después, terminé mi Maestría en Administración de Empresas en la escuela de negocios Haas, de Berkeley. Allí, puse a punto mis habilidades como emprendedor.
Permítame compartir las lecciones que aprendí durante todo ese proceso:
Combine habilidades: Lo primero que debe aprender es cómo hacerse valioso. Es improbable que un estudiante promedio pueda desarrollar una habilidad de clase mundial en un área en particular. Pero es fácil aprender cómo hacer varias cosas bastante bien. Lo que marca la diferencia es que cada una de esas modestas habilidades se presenten juntas en una sola persona.
No tenga miedo a fracasar: Si está asumiendo riesgos, y probablemente debería hacerlo, se puede encontrar fracasando 90% del tiempo. El truco es seguir recibiendo sueldo mientras lo hace y usar la experiencia para ganar habilidades que serán útiles en el futuro. Se les debería enseñar a los estudiantes que el fracaso es un proceso, no un obstáculo.
Atraiga a la suerte: No puede controlar la suerte directamente, pero puede manejar su carrera de una forma que haga más fácil que la suerte lo encuentre a usted. Para tener éxito, primero debe hacer algo. Y si eso no da resultado, haga algo diferente.
Supere el miedo: Para mejorar mis presentaciones en público, tomé el curso Dale Carnegie y me cambió la vida. Este método ignora las técnicas para hablar en público y a cambio lo entrena para disfrutar de la experiencia de hablarle a una multitud. Una vez que se relaja frente a una audiencia, la técnica viene automáticamente.
Escriba con sencillez: Tomé una clase de dos días de redacción de negocios que me enseñó a escribir oraciones directas y a evitar palabras que sobran. La simplicidad hace que las ideas sean poderosas. ¿Quiere ejemplos? Lea cualquier cosa escrita por Steve Jobs o Warren Buffett.
Aprenda a persuadir: Los estudiantes de técnicas de emprendimiento deberían aprender el arte de la persuasión en todas sus formas, incluyendo psicología, ventas, marketing, negociación, estadística e incluso diseño. Normalmente, esas habilidades están repartidas en varias disciplinas. Para los emprendedores, tiene sentido que se las enseñen como parte de un paquete.
Esta lista no está completa. Obviamente, un emprendedor se beneficiará de clases de finanzas, gestión y demás.
Recuerden, los niños son nuestro futuro y la mayoría de ellos son estudiantes promedio. Si eso no lo asusta, probablemente debería hacerlo.